Mostrando entradas con la etiqueta ayuda a suicidas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ayuda a suicidas. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de junio de 2016

Cómo identificar a una persona que se quiere suicidar


El suicidio es una forma de muerte totalmente previsible.

Hay buenos tratamientos disponibles para aquellos que están considerando la posibilidad de poner fin a sus vidas. ¿Cómo podemos ayudar a un ser querido que esté en riesgo?

El primer paso consiste en intervenir si alguien que conoces está considerando el suicidio.

Estas son algunas de las señales de advertencia:

Una pérdida reciente
Una separación, la muerte de un ser querido, un despido. Todas estas cosas pueden causar más dolor y estrés del que una persona puede soportar. Si alguien que conoces está pasando por un momento difícil, mantén un ojo sobre ellos. Habla con ellos acerca de lo que está pasando. Las pérdidas recientes aumentan el riesgo de pensamientos y acciones suicidas.

Habla del suicidio
Es un mito que los que hablan de suicidio no van a hacerlo. Hablar sobre el suicidio es un buen indicador de que la opción está sobre la mesa. Hazte parte de la conversación. Descubre qué es eso que está preocupando  a tu ser querido; tanto que está considerando el suicidio, y ayúdale a encontrar los recursos profesionales que necesita para hacer frente a esas cuestiones.

Se siente atrapado en el dolor.
Una de las razones por las que las personas se suicidan es porque están experimentando dolor físico o emocional insoportable y no ven ninguna salida. Si conoces a alguien que toma o abusa de los analgésicos, esta es una señal de advertencia de especial importancia. El mal uso consistente de medicamentos para el dolor es una indicación de dolor. Toma esta señal de advertencia en serio y busca ayuda médica profesional.

Aumento de la ingesta de alcohol o consumo de sustancias
Si bien este uso puede o no puede elevarse al nivel de dependencia o adicción, un aumento en el consumo de sustancias, especialmente las sustancias como el alcohol, la heroína o de la prescripción de medicamentos, es una señal de que la persona está tratando de autocalmarse. Si a ello se suma la pérdida reciente, el estrés, o hablar de querer acabar con la propia vida, es necesario tomar medidas inmediatas.

Busca los medios.
Cuando una persona está formulando un plan y busca los medios para poner fin a su vida, la situación es urgente. Pregúntale a tu ser querido si tiene los medios para suicidarse o si ha pensado acerca de cómo iba a terminar su vida. Si es así, busca ayuda de emergencia.

Se despide.
Muchas personas que están considerando suicidarse suelen despedirse. Sus acciones pueden ser abiertas o sutiles. Si sientes que la persona que te importa se está despidiendo, pregúntale si planea el suicidio. Eso no significa que le estás dando ideas, sino que mostrarás tu preocupación y aprenderás sobre sus intenciones


Lo más importante a tener en cuenta es que aunque no tengas control sobre las decisiones de una persona en última instancia, la calma y la preocupación pueden salvar su vida. No dejes una persona suicida sola. Ayúdale a buscar tratamiento profesional.


Esto es lo que dicen los profesionales, pero no dejes de acercarte a Dios, con fe y sin fe, Él nos ama mucho, y esta siempre dispuesto a ayudarnos. No te sientas solo o sola, muchas personas estamos orando por ti. 
La Santísima Virgen te cubra con su manto y los Santos Ángeles te protejan.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El suicidio en el anciano institucionalizado.



Los antecedentes en la tentativa de suicidio en ancianos es uno de los mejores indicadores de riesgo, unido a estados depresivos, enfermedad crónica o incapacitante y al aislamiento inherente a ingresos no deseados en la institución. Las modalidades de acción autolesiva y de consumación difieren de otros grupos de población suicida.

La depresión emerge asociada a otros factores como postulado fundamental para estos episodios.

Autor: Angel Moreno Toledo.



lunes, 27 de mayo de 2013

Atrévete a Vivir



Aunque estés CANSADO de luchar
y tus RETOS parezcan imposibles
Y el ENOJO te quiera encadenar
o la DEPRESIÓN te lleve al SUELO
y tu PASADO quiera encerrar tu VIDA
elige el CAMINO CORRECTO
elige ENFRENTAR  a tus TEMORES
puedes VENCER a esos GIGANTES
aunque TROPIECES, NO te detengas
puedes ir MÁS ALTO
¡ATRÉVETE A VIVIR!














sábado, 9 de marzo de 2013

Expertos reclaman programas de asistencia a pacientes con conducta o riesgo suicida.


Psicólogos y psiquiatras reclaman la creación de programas locales, regionales y nacionales de asistencia a pacientes con conducta o riesgo suicida en el marco de la celebración del día mundial para la prevención del suicidio.

"Es importante que los países reconozcan que existen personas con tendencias suicidas para que se confeccionen estrategias de prevención", según el psicólogo clínico y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), Javier Jiménez, quien asegura que "se ha demostrado que programas como los propuestos desde Naciones Unidas o la Organización Mundial de la Salud son efectivos y vitales para mantener al gobierno focalizado en esta prevención".

Un caso exitoso es el de Finlandia, país que ha llevado a cabo una estrategia de prevención aplicable tanto a nivel local, regional y nacional centrada en la formación de un comité experto para supervisar, implementar, evaluar y revisar el plan. Según Jiménez, el éxito finlandés se debe a "la existencia de las personas en situación de riesgo, contar con todo tipo de profesionales, servicios sociales y organismos oficiales en los programas".

Además, el programa preventivo finlandés tuvo una duración de una década y logró bajar la tasa de suicidios en casi un 9 por ciento.

Entre los retos de la prevención en España "es que las personas que han tenido un intento de suicido sean vistas por un médico", reconoce Jiménez. En la actualidad, un 25 por ciento de estas personas pasan por consulta frente al 88 por ciento de las que son vistas en Finlandia.

Por último, en opinión del experto, "la gente, y especialmente los medios de comunicación, cree que si se habla de suicidio aumentará el número de muertes por esta causa, pero los expertos a nivel mundial coinciden en señalar que esto no sucede, es más, es positivo hablar sobre el asunto". Para Jiménez, lo importante es "hablar correctamente".



martes, 19 de febrero de 2013

Suicidio e Internet. Medidas preventivas y de actuación.


Internet puede cambiar algunas características de los suicidios que han permanecido con pocas variaciones en las últimas décadas. Los profesionales debemos conocer las nuevas tecnologías para poder preguntar a nuestros pacientes sobre las mismas, y en caso de que las estén utilizando, valorar si dicha información supone un factor de riesgo o de gravedad añadido en el cuadro clínico del enfermo.

También debemos conocer páginas webs de consulta para recomendar a nuestros pacientes y sus familiares. Debemos utilizar más Internet para coordinar recursos, comparar programas, difundiendo desde las redes sociales hábitos saludables de vida y medidas que ayuden en la atención y prevención del suicidio.
Autores: Pedro Moreno Gea y Carmen Blanco Sánchez.

Para descargarse el artículo hay que suscribirse gratuitamente a psiquiatría.com.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Un día en la línea antisuicidio






Por Héctor Abad Faciolince 

La vida de un hombre o una mujer puede depender de una simple llamada. Héctor Abad Faciolince acompañó un día y una noche a los responsables en Bogotá de contestar el teléfono cuando un alma desesperada busca una voz que le salve la vida.

Se dice que Marilyn Monroe, después de tomarse una sobredosis de barbitúricos para matarse, cogió el teléfono para llamar a alguien. Hay un poema de Ernesto Cardenal que registra ese doloroso instante en que quizá la sex-symbol de los años cincuenta pudo haberse salvado. A esta muchacha que "como toda empleadita de tienda / soñó con ser estrella de cine / la hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono. / Y los detectives no supieron a quién iba a llamar. / Fue como alguien que ha marcado el número de una única voz amiga / y oye tan solo la voz de un disco que le dice: Wrong Number. / Señor: / quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar / y no llamó (y tal vez no era nadie / o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles) / ¡contesta tú al teléfono!". 

Ahora en Bogotá y en Medellín hay varios números a los que se puede llamar si sentimos el impulso de matarnos, pero queremos hablar con alguien antes de dar el salto. A veces la sola ilusión de sentir que nos oyen y que a alguien le importamos, puede ser suficiente para cambiar o al menos postergar la decisión de quitarnos la vida. Estas llamadas también le pueden dar paso a una ayuda psiquiátrica especializada. 

En la capital el número es el 125, el mismo que se usa para todas las emergencias de salud; en Medellín, el 123, que también se usa para todo tipo de urgencias, pero de ahí, si se trata de un caso de salud mental, nos pasan a alguno de los psicólogos disponibles en el "123 Social". Además de estos números oficiales que dependen de las alcaldías, existe también en ambas ciudades el "Teléfono de la Esperanza", 2846600 (en Medellín) y 3232425 (en Bogotá), patrocinado por una ONG, y la Línea Amiga de Carisma, 4444448, donde responden orientadores, médicos, psicólogos y trabajadores sociales. 

Es bueno que existan estos números de emergencia y, al menos bajo ciertas circunstancias, me consta que pueden resultar muy útiles. Pero, como casi siempre, las cosas funcionan mejor en el papel que en la realidad. El domingo 9 de enero, de cuatro a seis de la tarde, quise suponer que yo era Marilyn Monroe, en una crisis depresiva, y llamé durante dos horas al Teléfono de la Esperanza en Medellín, pero este sonó siempre ocupado. Llamé también a la Línea Amiga de Carisma y una grabación me dijo, en un español más bien macarrónico, lo siguiente: "Lamentamos informarle, pero no atendemos en este horario". Llamé después al 123 (Número Único de Seguridad y Emergencias) y después de explicarle al telefonista que quería hablar con un psicólogo, me pasaron al Número Social, y allí me dijeron que el psicólogo estaba en la cafetería. Dejé mis datos para que me llamara cuando volviera y todavía estoy esperando la respuesta. Tal vez sea por el horario dominical, pero en definitiva, si Marilyn hubiera vivido en Medellín y hubiera querido matarse en esa lánguida tarde de domingo, de nada le habrían valido estas ayudas y estaría tan muerta como la encontraron aquel 5 de agosto de 1962. 

Las dificultades para acceder a este servicio me recordaron algo que vi hace muchos años en un puente de Mérida, en los Andes venezolanos. Resulta que el viaducto que conecta dos partes de la ciudad por encima de un abismo profundo y pedregoso, es el sitio predilecto de los suicidas para matarse. En vista de esto, algunas personas caritativas, resolvieron poner allí un número de atención a los desesperados. Recuerdo que decía: "Si tienes problemas llama al..." Pero lo tragicómico era que varios números de ese teléfono se habían borrado por efecto del tiempo y la intemperie. Una vez más el monje Cardenal habría tenido que decir: "Señor: ¡Contesta tú al teléfono!". 

Poco antes del día de Navidad del año pasado pasé dos jornadas, de noche y de día, con la gente del CRU (Centro Regulador de Urgencias) en Bogotá. Estuve en la Sala donde se reciben las llamadas, al lado de varias telefonistas, dos médicos y una psicóloga, y también pasé parte de la noche en una ambulancia de emergencias psiquiátricas, con el médico y los enfermeros especializados. Fue una experiencia dura, aunque, al menos en esos dos días, nunca fue trágica. En lo que tiene que ver con las llamadas por amenaza o intento efectivo de suicidio, hubo dos casos leves y dos serios. 

Los leves fueron casi graciosos: un hombre enfurecido con la familia, después de una discusión en la mesa, se metió en el baño y se roció sobre la cara y el cuello, aunque sin ingerirlo, todo un tarro de insecticida Raid en aerosol. La ambulancia se presentó en el domicilio y verificó que, por fortuna, los seres humanos no nos morimos con insecticidas tan fácilmente como las cucarachas, por el mero contacto con la piel. Los parientes no quisieron que el paciente fuera trasladado. El otro caso fue, si se puede, menos grave: después de una acalorada discusión con su marido, la esposa enfurecida se tomó unas pastillas. "¿Cuántas y de qué?", preguntó la enfermera telefonista: "Tres aspirinas", fue la respuesta. El médico resolvió no enviar la ambulancia psiquiátrica al sitio, pero programó algunas llamadas a la mujer para verificar en los días siguientes que no quisiera aumentar la dosis de analgésico. 

Las fiestas de fin de año predisponen más al suicidio a las personas deprimidas: el contraste entre su tristeza y aislamiento comparados con la alegría ambiente y el espíritu festivo de la mayoría acentúa aún más la sensación de sinsentido. En los primeros 22 días de diciembre del año pasado, en el número 125 de Bogotá, se habían reportado 31 intentos de suicidio. Y entre Navidad y Año Nuevo, esos intentos parecen multiplicarse por arte de la felicidad de los demás, tan en contraste con el propio hundimiento. 

"Hay que temerles más a los meditabundos que a los impulsivos", me aclara el psiquiatra. "Los primeros llevan más tiempo pensando en su muerte y la planean mejor; los impulsivos casi siempre fallan en el intento". Le pregunto si hay diferencias entre hombres y mujeres o por grupos de edad. "Hombres y mujeres lo intentan por igual, pero los hombres son más efectivos. Al final de la adolescencia y al principio de la vejez los casos son un poco más frecuentes, pero ninguna edad está exenta de riesgos". 

De hecho, los dos casos graves a los que asisto en esta noche cercana a la Navidad, son de personas muy jóvenes. La primera es una muchacha de 18 años, que vive por Chapinero, y que después de una discusión familiar (ella había perdido el año y se siente mal con su familia) se tomó 13 pastillas de Amitriptilina, un antidepresivo. Al parecer vomitó, pero cuando la mamá la llevó hasta un centro de atención, a eso de las tres de la madrugada, la paciente llegó muy agresiva y golpeó varias veces al personal de enfermería. Cuando el psiquiatra llega en la ambulancia que envían del CRU, se encuentra con que la médica de turno tuvo que darle dos dosis inyectadas de un sedante para calmarla, y no fue posible practicarle un lavado gástrico. Así que la entrevista psiquiátrica tiene que ser postergada pues la niña está en un sueño profundo. La mamá no ha vuelto desde que la dejó ahí en la madrugada. No tienen tampoco los datos familiares, ni el teléfono. Habrá que esperar unas ocho horas hasta que se despierte. 

El solo hecho de que su madre la haya dejado sola, indica el desinterés de su familia y la soledad de la muchacha. La miro desde la puerta del cuarto: muy flaca, la boca abierta y la respiración regular. Hay signos del momento duro que acaba de pasar: está despelucada, tiene rasguños en la cara y las uñas sucias. Es casi bonita y me pregunto si será una empleadita de tienda que sueña con ser actriz de telenovela; su cara se ve tan tranquila que parece imposible que pocas horas atrás hubiera estado a punto de matarse. Por un momento la luz del cuarto titila y recuerdo algo que escribió un ensayista inglés: "Lo mismo que las luces de la cárcel disminuyen cuando se hace pasar la corriente por la silla eléctrica, así nos estremecemos en el fondo de nuestro corazón ante cada suicidio, pues no hay suicidio del que la sociedad entera no sea responsable". Si ni siquiera sabemos su nombre y sus mismos parientes la dejaron sola aquí, este 22 de diciembre, en el momento más oscuro de su vida ¿quién no abandonará a esta muchacha? ¿Quién le contestará al teléfono si ella quisiera llamar a pedir ayuda? 

La psicóloga de turno en el 125 contesta siempre de la misma manera: "Salud mental, buenos días" o "Salud mental, buenas tardes". Como no hay un turno nocturno, nunca se saluda "Salud mental, buenas noches", y es una lástima porque según las estadísticas durante la noche aumenta la propensión al suicidio. Basta pararnos un momento a imaginar nuestra muerte deliberada para saber que probablemente sería así: menos cerca del mediodía que de la medianoche. Como me dice la psicóloga, "de noche se acentúa el contraste entre quienes están durmiendo y quienes no pueden dormir". Como confirmación de esto, no es la psicóloga diurna sino el médico de turno nocturno quien recibe el último caso al que asisto, el más grave de los que me tocan. 

Se trata de un joven de 24 años, que vive por Teusaquillo. Ya es un conocido en el servicio pues ha tenido otros episodios de agresividad contra otros o contra sí. Es drogadicto, de lo que sea, pero como últimamente no se puede pagar ninguna droga, ni siquiera marihuana, se ha dedicado a oler pegante. Su familia es disfuncional; el padre le pega, la mamá, separada, no quiere volver a verlo ni saber de él. Viven en una casa que por fuera es casi burguesa, pero por dentro es una pocilga de desorden, ruido y suciedad. De la cocina sale un vaho maloliente, y el aspecto del muchacho (incoherente, sucio, perdido) rima con el estado de la casa. 

Lo tienen amarrado pues hace unas cuantas horas decidió que sabía volar (eso dice un hermano), y se tiró por la ventana. Rompió varios cables de teléfono, lo que amortiguó el impacto de la caída y por eso nada le pasó. El muchacho niega esa versión, dice que no quiere volar, que simplemente se quería matar. Cuenta que el papá le pega, que a veces no tiene dónde dormir, que no le dan plata. El papá aclara que todo lo que le da se lo gasta en droga. El muchacho lo admite, pero dice que no es capaz de dejarla, que la necesita. Está mugriento, inquieto, tiembla de frío, tiene la ropa raída. Por momentos se pone agresivo y se levanta; grita y le quiere pegar a alguien de la familia. Al psiquiatra y a los enfermeros -que ya lo conocen- los trata con más respeto.  

Ya ha estado varias veces en el hospital. Cuando no lo tienen sedado, se escapa. Ha intentado desintoxicarse en algunos centros especializados, pero no ha sido capaz de seguir nunca el tratamiento. Cuando está en fase agresiva, lo llevan a la policía, y allí lo esposan. A veces le pegan. También en la casa le pegan o lo amarran. El psiquiatra, aunque es pesimista sobre lo que puedan hacer, pues sin el apoyo de la familia es difícil que cualquier tratamiento surta algún efecto, resuelve internarlo de nuevo en el hospital. Eso no lo curará; solo le dará algunos días de tregua. El muchacho no quiere que se lo lleven, pero el enfermero le pone una inyección que en dos minutos lo deja desmadejado, dócil. 

"Esta cosa acabó con las camisas de fuerza. Esto es mucho mejor que cuatro enfermeros fornidos", me explica el enfermero mostrándome la jeringa. De hecho, el joven se deja manejar como un trapo, obedece tranquilo, se lo llevan en andas y lo acuestan en la camilla. 

Mientras lo acompañamos en la ambulancia hacia el hospital, trato de ponerme en su lugar. Creo que el razonamiento de muchacho, repetido una y otra vez, por inconexo que sea, no es del todo equivocado. Él se quiere morir. No le ve ningún sentido a su vida, ninguna perspectiva. Lo que el Estado le ofrece como solución (y ya es algo) es solamente un asilo temporal, que no lo curará de la adicción. La familia lo tiene abandonado; a duras penas pueden sobrellevar sus vidas; no son capaces de solucionar también la de él. Su infelicidad es tan honda, y sus perspectivas de mejoría tan remotas, que estoy por pensar que lo que él ha pensado hacer no es lo más insensato. En el suicida, escribió el poeta Yehuda Amijai, "la soledad de la muerte es la muerte de la soledad". La tristeza de la muerte sería también, en su caso, la muerte de la tristeza. 

Pero harán un nuevo intento con la familia. Un hermano promete apoyarlo si él decide someterse a un tratamiento, gratuito, contra la drogadicción. Habrá que ver cuánto duran sus buenas intenciones; habrá que ver si tiene el tiempo y el valor para acompañar a su hermano, pues él mismo, desempleado y pobre, no está mucho mejor. 

La vida, sin duda, es un gran valor: podemos disfrutar de la naturaleza, de los animales, la comida, el sexo, el arte, la curiosidad intelectual. Pero ¿qué pasa cuando la realidad de nuestras vidas concretas nos niega todo esto? Este joven que dejamos en el hospital no tiene nada, ni novia, ni afecto, ni apoyo, nada. Solo su adicción, y ni siquiera los recursos para hundirse en ella. Tal vez cuando escribo esto ya haya dado el salto definitivo desde una ventana más alta, y sin cables que lo atajen. Las luces de la ciudad titilan y todos deberíamos sentir un poco de la culpa por su muerte. Más que él. Él no tiene la culpa. Tal vez él, al suicidarse, escogió lo menos malo que, en sus circunstancias, podía hacer. 

Los teléfonos de emergencias ayudan, en muchos casos. Pero no pueden cambiar ni enderezar una familia entera, una vida entera, toda una sociedad. Pienso en esto y me imagino a Marilyn Monroe hundiendo las teclas del número de ayuda: uno, dos, cinco. No es el Señor quien contesta, sino la voz amable de una psicóloga que hace lo posible por ayudar: "Salud mental, buenas tardes". ¿Marilyn Monroe se habría dejado de matar?

Por Héctor Abad Faciolince 

miércoles, 29 de agosto de 2012

La “escucha exquisita” en la prevención del suicidio.



El suicidio es un tema del que se habla poco en El Salvador, a pesar de que se reporta como un problema de salud pública (trivia: en Estados Unidos se reporta un suicidio diario entre soldados que han vuelto de la guerra). El año pasado, Facebook lanzó una iniciativa para la prevención, y desde hace años en los buscadores de Google y Yahoo al buscar la palabra “suicide”, el primer resultado que aparece es el número de una línea telefónica de ayuda. En nuestras latitudes, la atención a este tema es mínimo y sigue siendo un tabú, y la persona con intención suicida recibe más juicios que ayuda por parte de la sociedad.

Hace 50 años se creó en Estados Unidos la primera de estas líneas de ayuda. Hasta entonces, la persona suicida podía llamar al 911 y ser enviada a la cárcel, podía llamar a un sacerdote y ser condenada por pecadora, o podía llamar a algún psiquiatra, que probablemente no estaría en horario de trabajo y habría que dejarle un mensaje. Reproducimos el artículo al respecto, no sólo por la importancia de los aportes, sino también en caso de que usted alguna vez se encuentre ineludiblemente frente a una persona suicida, para que tenga una idea de qué hacer (mientras llega la ayuda calificada, se entiende; en situaciones como estas no hay garantía de que la persona será disuadida, pero es lo que mejor ha funcionado, según la experiencia).

En 1962 [Bernard Mayes] creó la primera línea de prevención de suicidio en los Estados Unidos, basado en el instinto que los pacientes suicidas sólo necesitaban ser escuchados. Sin una formación como psiquiatra, Mayes institucionalizó una idea innovadora: que no se necesita un grado de doctor para salvar la vida de alguien, lo que se necesita es la voluntad de escuchar. Él viajó a San Francisco para crear un programa basado en este concepto, y lanzó la organización de San Francisco para la Prevención del Suicidio, un centro telefónico de crisis con gente voluntaria, no calificada, común. Su trabajo era tomar las llamadas y mantenerse en la línea.

Mayes me contó sobre una de sus primeras llamadas. La persona al otro lado sostenía un revólver, le dio la vuelta al cilindro cerca del teléfono y lo hizo sonar una y otra vez. “¡Ves, está listo! ¡Lo tengo listo!”, decía. “Déjame preguntarte, ¿qué harías aquí?” Mayes me preguntó. Un profesional médico probablemente preguntaría “¿Cuál es su nombre?”, porque según el protocolo, lo primero es obtener información del paciente. Pero al teléfono, Mayes no quería un nombre, quería que quien llamaba bajara el arma. “Esa es la primera cosa que diría. Baja el arma y hablemos”.

Eve Meyer, la directora ejecutiva actual de Prevención del Suicidio en San Francisco llama a este abordaje “escuchar exquisitamente”. Sin interrupciones, sin clamar para resolver el problema, sólo una escucha activa, centrada. 

Mayes está de acuerdo en que escuchar es sólo el primer paso para la recuperación. “Siempre pensé en esta línea como un enlace entre la gente y la ayuda que necesitan”, me dijo. “No puede brindar ayuda real, pero toma a la persona de la mano y le muestra adonde puede ir para conseguir ayuda. Es un enlace vital entre ambos”. 

La ciencia aún tiene que comprender el suicidio. A veces acompaña a la depresión, pero no todo el tiempo. [...] Una de las contribuciones más importantes a nuestra comprensión del problema provino de la investigación de Schneidman: los impulsos suicidas son breves, no duran mucho. Mientras la depresión puede durar años, el deseo de matarse va y viene, cambia como la marea. La clave es saber intervenir cuando el impulso llega a su punto más alto.

“No creo que [el suicidio] sea un pecado o un crimen. Creo que es un signo de dolor y miseria verdaderos. Creo que hay circunstancias razonables y racionales que hacen que quieras quitarte la vida” [...] La complejidad [del suicidio] no ha evitado que la sociedad juzgue al suicida, antes que empatizar con él. El férreo estigma aún asociado al suicidio hace que estas líneas anónimas sean aún más importantes. Quienes llaman lo hacen sabiendo que la persona al otro lado de la línea no les colgará, y que no los acusará de ser débiles o egoístas.

http://psicoloquio.wordpress.com/2012/07/18/la-escucha-exquisita-en-la-prevencion-del-suicidio/

domingo, 19 de agosto de 2012

Algunos trastornos mentales como la depresión se ven influidos por la falta de días de luz.



Un grupo de expertos ha destacado la influencia del sol en las hormonas y las relaciones sociales, y es que el mal tiempo aunque no es determinante para los trastornos mentales, afecta al estado anímico. 

En palabras del psiquiatra Ángel García Prieto, la «falta de luz puede ser un factor añadido en la depresión». Este psiquiatra asegura que la causa fundamental es la melatonina, producida por la luz y que estimula ciertos estados nerviosos. De hecho ya existen tratamientos basados en la exposición a la luz y que tienen cómo objetivo la creación de las melatoninas. 

Sin embargo, los trastornos psicológicos no vienen determinados por el estado de la meteorología. El psiquiatra Pedro Quirós Corujo señala que la falta de luz contribuye a empeorar los trastornos mentales, aunque nunca a causarlos. En este sentido, el psiquiatra Ángel García Prieto explica que «en una persona que esté al límite sí puede ser el factor añadido para que opte por el suicidio, sin embargo no sería la causa principal». 

La repercusión que el mal tiempo tiene sobre los seres humanos también está relacionada con las expectativas. «Como tenemos que evitar planes que impliquen salir al exterior, la socialización es peor, y eso nos impide realizarnos como personas». Son palabras del catedrático de Psiquiatría por la Universidad de Oviedo Julio Bobes García, quien también explica que «la meteorología tiene una importante influencia sobre los patrones hormonales» y por tanto la estimulación que tenemos ante la distinta luminosidad es diferente en cada uno de los casos. 

La psicóloga Pepa Sánchez Delgado también recalca la importancia que tiene el estado anímico en la cancelación planes. «Si los proyectos que se tienen pensado hacer para el verano se vienen abajo nuestro estado emocional se ve afectado». 


lunes, 25 de junio de 2012

La maternidad protege frente al suicidio



La maternidad protege frente al suicidio

Los resultados de un estudio vienen a confirmar una hipótesis planteada en 1897 por el sociólogo Emile Durkheim.

La maternidad ayuda a superar las depresiones que pueden conducir al suicidio ForumLibertas.com

Una hipótesis planteada hace más de 100 años viene a confirmarse ahora tras un estudio realizado por la Universidad Médica de Kaoshiung, en Taiwán, que se ha publicado en la revista 'Canadian Médical Association Journal': la maternidad parece proteger contra el suicidio.

El trabajo, que hizo un seguimiento a 1.292.462 mujeres en Taiwán a lo largo de 20 años, muestra que un mayor número de nacimientos se asocia con menores tasas de mortalidad por suicidio.

Los investigadores iniciaron el estudio con la intención de confirmar la hipótesis que el sociólogo Emile Durkheim elaboró en 1897, que señalaba que tener hijos protege a los progenitores frente al suicidio. 

A más hijos, menos suicidios

Los resultados del estudio de la Universidad de Kaoshiung mostraron un 39% de disminución en la mortalidad asociada al suicidio entre las mujeres que habían tenido dos hijos y un 60% de merma entre aquellas con tres o más hijos en comparación con las que sólo habían tenido uno. 

Las participantes fueron seguidas hasta diciembre de 2007 y dieron a luz entre enero de 1978 y diciembre de 1987.

Este estudio tiene una gran significación por el gran tamaño de la muestra y el número de muertes por suicidio (2.252) en el grupo, frente a al limitado número de estudios previos realizados en los países desarrollados con tamaños de muestra más pequeños. 

Cabe recordar que, en Taiwán, el suicidio es la octava causa de mortalidad entre hombres y la novena entre las mujeres y ha aumentado de forma constante desde 1999. 

La mayoría de países occidentales ha tenido tasas de suicidio estable o en disminución desde la década de los 90. La tasa de suicidio masculino-femenino suele ser superior al 3:1 en estos países, mientras que es de 2:1 en Taiwán por las altas tasas de suicidio en mujeres. En los países occidentales, las tasas de suicidio entre mujeres han disminuido mientras que entre los hombres han ascendido.

Según informa Europa Press, Chun-Yuh Yang, responsable del estudio, explica que “se descubrió una clara tendencia hacia las menores tasas de suicidio con el aumento del número de hijos tras controlar la edad en el primer nacimiento, estado civil, años de escolarización y lugar de parto”.

“Dado que las mujeres incluidas en el estudio eran jóvenes, la gran mayoría de muertes por suicidio se producen antes de la menopausia, y entre las más jóvenes como en todos los países, este descubrimiento es particularmente notable”, continúa el investigador.

El tener hijos podría proteger frente al suicidio porque los hijos podrían aumentar el sentimiento de la madre de autoestima. Los niños podrían también proporcionar apoyo emocional y material a la madre y aportarle un rol social positivo. Además, la maternidad podría aumentar las redes sociales y el apoyo social. 



domingo, 13 de mayo de 2012

EL PASO DEL DOLOR



La noche del dolor es grave y densa. 
En dos filas formaos, 
poetas, hijos de la noche inmensa, 
y dejad de pensar.
¿En qué se piensa 
cuando en el alma se desploma el caos?

Una noche infinita, 
con su mortal gravitación de roca, 
sobre la soledad se precipita. 
En ella entremos.
  A nosotros toca saber 
lo que esa noche entraña y grita.

Por aquí va la entrada
de esa noche sin límites ni nada
a que os convido yo.
Venid conmigo. 
Vuestra pisada huelle la pisada 
que hollando va la del dolor que sigo.

Nadie penetrará más que nosotros 
en esa noche imperturbable y quieta. 
Tan difícil la entrada y tan secreta 
puso a Dios a los otros, 
como a la mano y fácil al poeta.

Ninguna flor de luz abre su broche. 
Mas no habrá que temblar ante el derroche 
de tanta sombra que dormita en calma. 
Vosotros, como yo, tenéis el alma 
grande, y triste también, como la noche.

En dos filas formaos,
poetas, seres que acaricia el caos,
y entremos ya. 
Cuando el dolor sintiereis, 
si teneros en pie no consiguiereis, 
de rodillas estad. ¡Arrodillaos…!

Alfredo R. Placencia  

miércoles, 9 de mayo de 2012

La musicoterapia podría aliviar los síntomas de la depresión, según los resultados de un estudio.





Los terapeutas podrían utilizar la música para ayudar a algunos pacientes a combatir la depresión y mejorar, restablecerse y mantener su salud, según una revisión de estudios dirigida por la 'Central and Northwest London Foundation NHS Trust en Londres (Reino Unido) que se publica en la revista 'The Cochrane Library'. 

Se cree que en todo el mundo alrededor de 121 millones de personas podrían sufrir depresión. El trastorno puede observarse en las alteraciones del apetito, los patrones de sueño y el funcionamiento general así como llevar a una baja autoestima y a sentimientos de inutilidad y culpa. La enfermedad puede conducir al suicidio y se asocia con un millón de muertes al año. 

Los fármacos y la psicoterapia son tratamientos comunes pero los investigadores querían analizar si existían evidencias sobre los posibles beneficios de la terapia con música o 'musicoterapia'. 

Después de hacer una búsqueda en la literatura científica internacional, los investigadores descubrieron cinco estudios que reunían los criterios fijados para incorporarse a la revisión. Cuatro de estas investigaciones informaban sobre una mayor reducción de los síntomas de depresión entre quienes eran tratados con musicoterapia en comparación con aquellos asignados de forma aleatoria a un grupo de terapia en el que no se empleaba música. El quinto estudio, sin embargo, no mostró este efecto. 

Según explica Anna Maratos, autora principal del estudio, "aunque las evidencias proceden de unos pocos estudios pequeños, sugieren que este es un área en la que merece la pena investigar y, si se apoya el uso de la terapia con música en futuros estudios, necesitamos descubrir qué formas de música tienen los mayores efectos".