jueves, 29 de septiembre de 2016

Integrando psicología y espiritualidad en la terapia moderna





Psicología significa el estudio del alma ya que la palabra viene de la raíz psyche que en griego antiguo es alma. Desgraciadamente, ha habido durante anos un movimiento para dividir nuestro entendimiento del cuerpo, la mente y el espíritu como partes separadas. Poco a poco nos empezamos a dar cuenta de que el ser humano es uno e indisoluble y que las partes de cuerpo, mente y espíritu se influencian continuamente como en el caso de las enfermedades psicosomáticas.

Los estudios hechos en Estados Unidos demuestran que aquellas personas que tienen una espiritualidad sana y equilibrada tienen menos estrés, una mayor facilidad para no caer en la depresión y están en mejor disposición para superar traumas. Además, las personas espirituales son menos proclives a la drogodependencia y al suicidio. Esta claro que si uno cree que nos esta solo frente a las adversidades si no que hay un Dios que le importa nuestras dificultades personales, y nos va a ayudar a salir de ellas y utilizarlas para hacernos mejores personas, esto ayuda a no caer en la desesperanza y en comportamientos autodestructivos.

La labor del psicólogo no debe ser en ningún momento de imponer una serie de creencias que el piensa que pueden ayudar al paciente. Si no de ayudar al mismo a conectar con las creencias que ya tiene que mas le pueden ayudar. Por ejemplo, si alguien es ateo, no es el rol del psicólogo el cambiarle. Sin embargo, si la persona cree en un Creador del universo que le ayuda, el psicólogo podría ayudarle a reconectar con esa figura indistintamente de la religión o creencias adicionales que tenga esa persona. Se puede ir a toda la terapia del mundo pero hay heridas tan profundas que solo Dios puede sanar.  Este tipo de terapia se denomina terapia pastoral.

¿Que actividades se pueden hacer para integrar la espiritualidad dentro de la terapia?
Se pueden hacer oraciones, contemplaciones y meditaciones para ayudar a esa persona a sentirse más cerca de su espiritualidad y sentido de Dios. De esta manera la persona no solo se siente comprendida y acompañada por el terapeuta sino también por un Dios lleno de ternura que siente su dolor como si fuese suyo.

En la terapia cuando alguien vive una experiencia traumática como por ejemplo un abuso sexual suele haber un momento de rebelión hacia Dios. La persona se pregunta porque me tuvo que pasar eso a mi? Si eres un Dios omnipotente y me quieres porque me paso esto? Los estudios científicos que se han hecho en relación a las experiencias traumáticas claramente demuestran que hasta que la persona no encuentra un significado positivo a esa experiencia, hay una parte de ese trauma que sigue ahí sin resolverse. No es la labor del psicólogo el darle el significado positivo pero si el de acompañarle hasta que lo encuentra, dándole ánimos de seguir en la búsqueda de ese significado.
Este tipo de terapia que intenta ayudarnos a encontrar un sentido profundo a nuestras vidas se llama logoterapia y fue fundada por Víctor Frankl, psiquiatra judío que sobrevivió la experiencia de vivir en un campo de concentración. Durante su tiempo allí se dio cuenta de que la gente que sobrevivía era aquella que todavía tenía esperanza y cuya vida tenia significado por lo que soñaban hacer en el futuro cuando saliesen. A raíz de su experiencia escribió un libro: “El hombre en busca de sentido” que fue un best seller en cuanto salió a la venta. El atribuía el éxito de su libro a que en las sociedades modernas muchas veces nuestras vidas carecen de verdadero propósito y hay un vació en nuestro interior en este aspecto.

Cada persona que vive una experiencia dolorosa tiene que darle sentido a la misma. Víctor Frankl decía que entendió en el campo de concentración que el sufrimiento era como una gran ola que te podía ayudar a alcanzar las cumbres más altas de la espiritualidad. Pablo de Tarso que sin duda sufrió estrés post traumático después de naufragar y ser apedreado y torturado varias veces llego a ver que para una buena resolución del sentido de un trauma no tiene que ser llegar a este tipo de conclusión. Pero si que haya merecido la pena pasar por eso, no porque se agradece, la mayoría de la gente preferiría no haber pasado por la experiencia, si no porque a lo mejor nos ha hecho más compasivos, nos ayudado a ser mejores personas etc. El sentido de la experiencia solo tiene verdadera validez cuando sale de la persona y no del psicólogo.

La integración de la espiritualidad no es prioritaria en toda terapia. Por ejemplo en la terapia de niños y de parejas puede ser algo de orden muy secundario o incluso no existente dependiendo del caso. Lo mismo en el caso de gente que no encuentra en la espiritualidad una ayuda. En la mayoría de casos, la espiritualidad la transmite el terapeuta no a través de lo que dice si no su manera de comportarse con el paciente. Es con su entendimiento profundo del sufrimiento del otro, con su implicación en su proceso y ganas de compartir el camino del paciente hacia la sanación de sus heridas. Madre Teresa solía decir que nuestra pobreza en Occidente es mayor porque la nuestra es una pobreza de soledad. Muchas veces la persona se siente sola y desamparada ante sus dificultades y acude al psicólogo, este puede ser instrumento de Dios en hacerla sentir que no está sola que hay gente que le importa su sufrimiento, que hay una salida. Francisco de Asís pionero en el diálogo interreligioso solía decir, “Evangelizar con vuestras acciones, si es necesario, utilizar palabras.”


Fuente: Doctor Ignacio Rosillo (Psicólogo)


domingo, 25 de septiembre de 2016

Jubileo de las Lágrimas en el Vaticano: el Papa se emociona con testimonios que afrontan el dolor





El Papa abraza a los gemelos Frattemico - tenían dinero, buscaban placeres... su dolor venía del sinsentido de vivir sin Dios
 En la tarde del jueves la Basílica de San Pedro acogió, con el Papa Francisco presidiendo, el llamado "Jubileo de las Lágrimas", una Vigilia de oración “para enjugar las lágrimas”, en el que resonaron testimonios que conmovieron al Papa y a todos los presentes.

Perder un hijo en el suicidio
Uno de esos testimonios fue el de una familia italiana de Salerno: Giovanna y Domenico, casados en 1995, con dos hijos (Rafaele y Chiara) y otro que suicidó, Antonio, cuando tenía 15 años.

Giovanna explicó su sufrimiento: “Antonio también me puso en su tumba a mí, mi vida, mi mente, mi alma. En ese terrible momento solo tenía el amor de Dios… mi existencia. Él secó todas mis lágrimas y me dio fuerza. Este amor hizo que no me destruyera”.



Rafaele, que tenía 9 años cuando ocurrió la tragedia, dijo que en ese momento “me sentí perdido, abandonado. Tenía mucha ira, sobre todo contra Dios porque no podía encontrar una razón para el suicidio de mi hermano”. Luego se alejó de la Iglesia pero poco a poco volvió a la fe con la ayuda de sus padres.

Por su parte el padre, Domenico, recordó que el día del funeral de Antonio “me sentía aniquilado, confundido…. ¿En qué fallé? Como padre, como esposo, como cristiano me sentía nada”.

Un día en una iglesia, continuó, alguien que pasó por la misma experiencia con una hija lo abrazó. “En ese momento sentí verdaderamente que ese abrazo venía del cielo, que era el consuelo de Dios para que yo renovara mi confianza en la presencia de Dios, para abrazarme a su misericordia”, relató.

Un pakistaní católico, fugado por la ley de blasfemia
El segundo testimonio fue el del pakistaní Kaizer Felix, quien se presentó acompañado de su familia. Cuando cubría la realidad de la minoría católica, fue víctima “de la violencia brutal y la persecución que promueve la ley de blasfemia”.

La ley de Blasfemia en Pakistán agrupa varias normas contenidas en el Código Penal inspiradas directamente en la Shariah –ley religiosa musulmana– para sancionar cualquier ofensa de palabra u obra contra Alá, Mahoma o el Corán, incluso con la pena de muerte. La ley es usada con frecuencia para perseguir a la minoría cristiana incluso en casos donde los hechos nunca se han producido.



Por su trabajo, Felix recibió un premio en 2007 y fue considerado “una amenaza para el Islam”. Cuando acudió a la policía nadie le hizo caso y finalmente huyó a Roma donde viven hoy, construyéndose un futuro poco a poco.

Dos gemelos: la riqueza vacía
El tercer testimonio fue el del italiano Maurizio Frattemico y su hermano gemelo Enzo, quienes lo “tenían todo” en una época: dinero, éxito, mujeres, aunque al final “me sentía vacío, sin sentido”.

Maurizio tuvo un intenso cuestionamiento sobre su vida en marzo de 2002 y agradeció a su madre que lloró mucho por él, como “Santa Mónica por San Agustín”. Tras una experiencia en África se encontró días después con su hermano “que se veía muy alegre, distinto”. Enzo le contó que todo era debido a Dios y lo abrazó. Maurizio comenta que “en ese abrazo sentí el amor que nunca me juzgó ni me condenó”.



Velas a la Virgen de las Lágrimas
Tras cada testimonio se encendió una vela ante el relicario de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa, expuesto en esta ocasión para la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro.

El Papa entregó luego a diez personas el Agnus Dei (antiguo objeto de devoción usado en los años jubilares desde 1470), como símbolo de consuelo y esperanza, bendecido por él mismo. De forma oval y cera blanca, este objeto tiene grabada la imagen del Cordero Pascual en un lado, y del otro lado el logo del Jubileo de la Misericordia.

Entre las personas que lo recibieron están:

-una que ha perdido un hijo en un accidente de tráfico,
-otra que perdió un familiar en el trabajo,
-otra que perdió a sus familiares en el genocidio en Ruanda
-y otra que estuvo encarcelada.

(Artículo original de Walter Sánchez Silva y Álvaro de Juana, con contribuciones de Elise Harris, en Aciprensa)