viernes, 9 de diciembre de 2016

INVENTARIO DE RAZONES PARA VIVIR






01. Tengo responsabilidades y compromisos con mi familia
02. Creo poder adaptarme y enfrentar mis problemas
03. Creo tener control sobre mi vida y mi destino
04. Deseo vivir
05. Creo que sólo Dios tiene derecho a quitar la vida
06. Le tengo miedo a la muerte
07. Mi familia podría pensar que no la quiero
08. No creo que las cosas se vayan a poner tan difíciles e irremediables que prefiera estar muerto
09. Mi familia depende de mí y me necesita
10. No quiero morir
11. Quiero ver crecer a mis hijos
12. La vida es lo único que tenemos y es mejor que no tener nada
13. Tengo planes para el futuro que me gustaría llevar a cabo
14. Por muy mal que me sienta, sé que estos problemas pasarán
15. Le tengo miedo al más allá
16. Quiero mucho a mi familia, disfruto estando con ella y no podría dejarla
17. Quiero vivir todo lo que la vida ofrece, y aún hay muchas experiencias que no he tenido y me gustaría tener
18. Temo que mi método de suicidarme no funcione
19. Me quiero lo suficiente, lo que me anima a seguir viviendo
20. La vida es muy bella y valiosa para ponerle fin
21. No sería justo dejar a mis hijos para que los cuiden otros
22. Creo poder encontrar otras soluciones a los problemas
23. Tengo miedo de irme al infierno
24. Amo la vida
25. Soy demasiado equilibrado como para pensar en suicidarme
26. Soy un cobarde y no tengo el valor de suicidarme
27. Mis creencias religiosas me lo prohíben
28. Podría ser dañino para mis hijos
29. Tengo curiosidad sobre lo que pasará en el futuro
30. Le haría daño a mi familia y no quiero hacerla sufrir
31. Me preocupa lo que los otros piensen de mí
32. Creo que las cosas van a salir de la mejor manera
33. No podría decidir cómo, cuándo y dónde lo haría
34. Me parece que está mal hecho
35. Todavía me quedan muchas cosas por hacer
36. Tengo el valor de enfrentarme a la vida
37. Estoy feliz y satisfecho con mi vida
38. Le tengo miedo al acto de suicidarme (al dolor, la sangre)
39. Creo que suicidándome no lograría ni resolvería nada
40. Tengo la esperanza de que las cosas mejorarán y el futuro será más feliz
41. La gente pensaría que soy débil y egoísta
42. Tengo una fuerza interior que me impulsa a vivir
43. No quisiera que la gente pensara que no tenía control sobre mi vida
44. Creo que puedo encontrar un propósito en la vida, una razón para v vivir.
45. No tengo razones para adelantar la muerte
46. Soy tan incapaz que mi método de suicidarme no funcionaría
47. No quisiera que mi familia se sintiera culpable después
48. No quiero que mi familia piense que soy egoísta o cobarde

lunes, 5 de diciembre de 2016

Alcohol, drogas, sexo gay, tendencias suicidas... Puso una velita ante el Santísimo y Dios le cambió




Javier Martínez Carpintero explica su vida, dañada por el alcohol, las drogas y una afectividad muy desordenada... y transformada en una noche de adoración




En el programa de testimonios "Cambio de agujas", de Eukmamie.org (http://www.eukmamie.org/es/) ha contado su testimonio Javier Martínez Carpintero, de la diócesis de Alcalá de Henares. Explica cómo salió de una vida caótica de alcohol, drogas, delincuencia, falta de amor y relaciones homosexuales a un relación de plenitud con Dios, que hoy le llena. [El vídeo de "Cambio de Agujas", de 40 minutos, se puede ver al final de este artículo]

Monaguillo de niño
Javier nació en una familia humilde del centro de Alcalá de Henares, el tercero de cuatro hermanos. Su padre creía en Dios, pero iba poco a misa. Su madre iba algo más. Con su abuela María, recuerda, aprendió el “Jesusito de mi vida”.

En el colegio era un niño muy fantasioso y distraído, los estudios se le daban mal, y sólo le gustaba la clase de religión y la de dibujo. Fue monaguillo dos años, y le gustaba porque se sentía integrado.


Javier Martínez -el niño de pie en el centro- a principios de los años 70, con sus padres y hermanos

Cuando murió Franco él tenía 14 años y afrontó una adolescencia volcada en la cultura de la transgresión.

“Antes estaba todo prohibido y de repente empezó a llegar pornografía, drogas, manifestaciones, huelgas… Yo era muy experimental, me metía en todo, y a la vez no encajaba. Experimenté con drogas, con la música… Con mi hermano mayor me llevaba 10 años; con el siguiente, 6; me sentía solo, veía libertad y me desenfrené”.

Alcohol e izquierda radical
En su primera borrachera, con vodka, perdió completamente el sentido: tenía 13 años. Con 15 y 16 años pasó a militar en formaciones de izquierda radical: “había militado en Joven Guardia Roja, ahí celebrábamos con alcohol por todo lo alto el día que Mao impuso el comunismo en China. Mi padre tuvo que venir a buscarme, había perdido hasta los zapatos, qué vergüenza”.

Mientras bebía, se sentía bien. Cuando dejaba de beber, se deprimía, porque sentía que no encajaba en el mundo.

“Mi padre me dijo que yo siempre sería un obrero hijo de un obrero. Y yo con 16 años me negaba, me rebelaba contra eso”, recuerda.

Abusos sexuales y el deseo de ser aceptado
A los 16 años entró en el ambiente gay, donde había fiestas y alcohol. Y había hombres mayores, a los que admirar, hombres que se presentaban como pintores, escritores, doctores, todos muy acogedores, todos dispuestos a hacerle sentir amado y acogido… y a enseñarle el estilo de vida gay.

Además, como muchas otras personas que desarrollan atracción por el mismo sexo, Javier había sufrido abusos sexuales infantiles durante una etapa larga. “Yo tendría de 12 a 13 años y fui abusado por una persona que era mayor que yo y además era una persona violenta, una persona agresiva, una persona que ya tenía antecedentes penales. Era la persona que más o menos controlaba a todos los chicos del barrio. Si hacías lo que decía, te iría bien; si no, serías insultado y acosado. Este tipo de abusos se produjo durante dos o tres años. ¿Yo a quien acudía con 13 años a decirle que a mí me pasaba esto? Yo pensaba: mejor me quedo calladito, aguanto lo que sea, pero sobrevivo”.

Vender sexo, comprar alcohol y droga
De los 16 años a los 25 su vida fue una cuesta abajo. En ocasiones vendió su cuerpo para servicios sexuales homoeróticos. Sexo, alcohol y drogas se combinaban: usaba uno para olvidar al otro... o para financiarlo. Cometió varios delitos y pasó por la cárcel.

En cierto momento, su personalidad abierta a experimentar le llevó a acercarse a un grupo católico de oración carismática.

“Yo nunca había desechado la idea de Dios, pero me convenía dejarla ahí atrás y vivir al margen de ella”. En el grupo carismático se sentía bien.

Trabajaba como camarero y el domingo por la tarde iba con ilusión con los carismáticos, un grupo grande, de unas cien personas. “Allí había personas que habían sufrido y yo me sentía muy integrado con ellos porque compartía con ellos algo, me daban estabilidad”.

Pero al mismo tiempo seguía tratándose con grupos de su barrio que le desestabilizaban.

A menudo pensaba en suicidarse… y lo intentó algunas veces. Pero su fe le impedía consumar sus intentos de suicidio. “Como en el fondo sabía que Dios está y que hay algo más allá, pues en el fondo eso es lo que me frenaba”, recuerda.

El grupo carismático se disolvió al cabo de un par de años precisamente porque había quejas y presiones respecto a que atraía a bastantes personas con problemas como los que tenía él mismo.

Javier se quedó solo, pero con inquietudes espirituales. Buscó en los testigos de Jehová. Y a los 21 años conoció a los evangélicos. Pero al tener que incorporarse al servicio militar cortó su contacto con ellos y volvió al alcohol. “Me fui a la mili y entonces en el mismo tren con unos gallegos que había por ahí empezamos a tomar orujo y… bueno, aquello fue un desastre. Tiramos las maletas, tiramos los extintores, destrozamos el tren ciertamente…”

Pareja gay, esposa cristiana, otra pareja gay
Tras el servicio militar, se fue a vivir a Barcelona, conviviendo en una relación homosexual.

Después, en París, conoció a una chica peruana. “Yo pensaba que si me casaba y tenía hijos podría tener una vida normal, como todo el mundo. Me fui a Paris y en dos semanas encontré en una iglesia hispano-francesa a la que sería mi mujer”. En un viaje a España se casaron por la Iglesia. Tuvieron un hijo y una hija y durante 20 años hubo bastante estabilidad. Pero él aún bebía mucho, y eso causaba discusiones graves. “Entonces, los últimos 5 años prácticamente pasamos inadvertidos el uno del otro. Pasábamos por la casa por el pasillo incluso sin saludarnos”.

Se divorciaron, y él fue a vivir a casa de sus padres. Ahí él volvió a romperse emocionalmente.

“Yo quería ser una persona muy fuerte pero no en realidad siempre fui muy débil, incapaz de afrontar la realidad. Regresé otra vez al alcohol, las drogas y el sexo con varones”.

El 15 de agosto de 2008 murió su padre. A Javier le despidieron del trabajo. Pensaba en suicidarse, pero lo postergó porque encontró un novio por Internet, en Bolivia. Llegó a casarse por poderes con él, y a traerlo a España utilizando la ley del matrimonio homosexual que habían implantado los socialistas en 2005. Pensaba que él podía ser la persona de su vida y fantaseaba con adoptar un niño y quizá un perrito. Pero también esta relación se rompió.


Así estaba la Plaza de los Santos Niños en la noche de verano de 2012 que cambió a Javier; era un evento de evangelización de Arde Complutum, con velas y exposición del Santísimo

La noche de verano que lo cambió todo
Y así se encontró paseando, una noche de verano de 2012, desesperado, por el centro histórico de Alcalá de Henares, en la Plaza de los Santos Niños, junto a la catedral que alberga los restos de los niños mártires Justo y Pastor.

“Esa noche la plaza estaba llena de gente, con mucho colorido. No sé cómo fue exactamente, realmente es que no lo recuerdo, pero me acerqué a un sacerdote que estaba allí. Y resulta que me aceptó de una manera tan natural... Percibí cariño, algo que no había sentido nunca en todas mis búsquedas. Un amor diferente, que no me juzga, que no me señala con el dedo diciéndome ‘tú eres malo, tú no sirves’."

"Hablando con él, me pregunta si quiero poner una vela ante el Santísimo. Estaban realizando Arde Complutum, una semana de evangelización en las calles, con el Santísimo expuesto. Le dije que sí. Ya me había, digamos, confesado como una hora o así con él. Nos acercamos al Santísimo en la catedral y le puse mi velita al Señor. Ahí me derrumbé: permanecí de rodillas llorando y confesando mis pecados allí públicamente. El sacerdote siempre a mi lado. Fue algo muy grande. Mi vida empieza ahí: hay un antes y un después”.


Javier Martínez se siente lleno en su relación con Dios

Una nueva vida orientada a Dios
Eso ocurrió en 2012. Y desde entonces todo cambió. Javier, que siempre había querido experimentar todo por sí mismo, ya lo sabía: las cosas donde había buscado felicidad o evasión le daban solo prisión, cárcel, muerte, sufrimiento y lágrimas. Su vida se orientó a Dios, y se transformó.

“Hoy voy a misa todos los días, a mi encuentro, como yo le llamo. Rezo el rosario. Para mí es una cosa muy bonita porque como mi madre física está en el Cielo, con mi madre la Virgen María, pues entre las dos y yo  ahí tenemos nuestra conversación. Colaboro con el grupo de evangelización Kerigma, de Alcalá de Henares, que es el que más me apoyó en un primer momento. Tengo mi director espiritual, mi confesor, y acudo a COF, el Centro de Orientación Familiar de la diócesis. Tuve acceso a un buen psiquiatra cristiano. Ahora me va muy bien, soy una persona que tomo mi medicación a sus horas y, ¿qué decir?, esa es mi vida normal. Ahora mismo estoy en el paro, pero eso tampoco es una desesperación. Será lo que Dios quiera ¿no?”


La gente del grupo Kerygma y los participantes del Arde Complutum 2012 cantan por las calles de Alcalá... cada verano forman una nueva hornada de evangelizadores callejeros

"Mi relación con Dios, lo más bonito"
Javier asegura que hoy tiene con Dios una relación “de hijo, yo soy su hijo amado, pensado desde el principio de los tiempos. Y a mí no es que me haya comido el coco nadie; lo vivo realmente cada día. Mi relación con Dios es lo más bonito que me ha podido pasar porque realmente es el que me llena. Es muy especial. Tendrías que tener una relación así para entenderlo”.

Javier repasa su vida y saca una conclusión: “Si te paras a pensar, mi vida ha sido un completo caos, un completo desastre. Pero fíjate, Dios no busca en un sentido a personas perfectas para mostrarse a ellas, sino que Dios busca al corazón que está dispuesto a abrirse para Él. Y esto es independiente de tu nivel, de tus estudios, de tu capacidad monetaria. Él ya me había elegido”.

Otro testimonio de Arde Complutum: ¿Qué sucede cuando un directivo experto en marketing global sale a hacer evangelización callejera?