lunes, 29 de junio de 2015

Efectos de la pérdida por suicidio en la salud mental y riesgo de suicidio



Entre 48 millones y 500 millones de personas se cree que experimentar un duelo por suicidio cada año. Durante la última década, el aumento de la atención política se ha dirigido hacia el duelo por suicidio, pero con poca evidencia para describir el efecto de la exposición o para proporcionar las respuestas adecuadas. Se utilizó un enfoque sistemático para llevar a cabo una revisión narrativa de los estudios sobre el efecto de la pérdida por suicidio en la mortalidad, la salud mental y el funcionamiento social, y los comparamos con los efectos de otros duelos.

Encontramos 57 estudios que cumplieron los criterios de inclusión estrictos. Los resultados de estos estudios sugieren que la exposición al suicidio de un contacto cercano se asocia con varios resultados negativos para la salud y sociales, en función de la relación de un individuo con el fallecido. Estos efectos incluyeron un aumento del riesgo de suicidio en las parejas afectadas por el suicidio, el aumento de riesgo de ingreso requerido de atención psiquiátrica para los padres en duelo por el suicidio de un hijo, el aumento de riesgo de suicidio en las madres afectadas por el suicidio de un hijo adulto, y un mayor riesgo de depresión en los hijos afligidos por el suicidio de uno de sus padres.

Cierta evidencia se ha demostrado para aumentar el rechazo y la vergüenza en las personas afectadas por el suicidio a través de un rango de grupos de parentesco cuando los datos se compararon con los informes de los familiares en duelo por otras muertes violentas. Las recomendaciones políticas para servicios de apoyo después del duelo suicida dependen en gran medida del sector del voluntariado, con poca participación de los servicios psiquiátricos para hacer frente a los riesgos descritos. Las autoridades deben considerar la manera de fortalecer los recursos de salud y de atención social para las personas que han sido afectadas por el suicidio para prevenir la mortalidad evitable y la angustia.

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jueves, 25 de junio de 2015

José Salvador Alvarenga. Superviviente a la deriva en el Océano Pacífico: "Tuve en más de una ocasión, la idea de suicidarse, pero no lo hizo por “Dios … Mi fe en Dios”.


MAJURO, Islas Marshall (CNN) — Un náufrago que afirma haber pasado más de un año a la deriva en el Océano Pacífico dice que su fe en Dios lo mantuvo vivo en medio de su calvario. Pero hubo momentos en los que quería acabar con todo, aseguró.

Hubo muchos momentos tristes, como cuando no tenía comida ni agua o cuando un adolescente que viajaba con él murió de hambre, explicó.

El hombre, que se identificó como José Salvador Alvarenga, permaneció hasta la semana pasada en un barco muy dañado en un remoto atolón de coral en las Islas Marshall. Afirmó que había estado viviendo de peces y tortugas que había capturado y bebiendo agua de lluvia y, en ocasiones, su propia orina.

Alvarenga dijo que estuvo perdido en el mar durante 13 meses, después de salir de México hacia el este. Quedan muchas preguntas acerca de cómo pudo haber sobrevivido en su pequeño bote durante tanto tiempo y a la deriva a través del océano.

En una entrevista exclusiva con CNN este martes, Alvarenga explicó cómo sobrevivió tanto tiempo en el mar.

Señaló hacia arriba y dijo: "Dios... Mi fe en Dios”.

"Pensé:’Yo voy a salir'", agregó. “¡Afuera, afuera, afuera!”.

Pero también describió sus amargos momentos y dijo que consideró suicidarse.

"Dos veces lo quise hacer”, aseguró, mientras hacía un gesto como cortándose la garganta. “Lo iba a hacer con un cuchillo. Cuando yo no tenía agua, comida, me di por vencido y agarré un cuchillo”.

Pero dijo que no lo hizo, porque estaba "asustado".

Durante su largo periodo en el mar, Alvarenga perdió la noción de la fecha y el día de la semana, por lo cual seguía la trayectoria del sol a través del cielo, dijo, indicando el movimiento con las manos mientras hablaba.

"Yo no sabía la fecha o el día, solo las horas", dijo. "Solo cuando ya estaba oscureciendo y cuando la luz estaba apareciendo”.

Las autoridades tratan de determinar la veracidad de la historia de Alvarenga. El gobierno mexicano confirmó su identidad e indicó que el ciudadano de El Salvador vivía en Tonalá, en el estado de Chiapas.

Julio Camarena Villaseñor, embajador de México en Filipinas, dijo este martes que Alvarenga todavía se está recuperando en un hospital de las Islas Marshall después de ser hallado en "estado débil de mente y salud”.

Alvarenga va a ser repatriado a El Salvador lo más pronto posible, una vez que lo den de alta para viajar y tenga la documentación correcta, dijo Camarena Villaseñor. No se ha establecido un plazo para la repatriación aún.

Alvarenga es de Garita Palmera en El Salvador, donde CNN habló con sus padres, quienes dijeron que no habían oído hablar de él en unos ocho años y pensaron que podría estar muerto. El náufrago tiene una hija de 12 años, quien no recuerda a su padre.

"Mi corazón me decía que mi hijo no estaba muerto, pero me preguntaba sobre ello tan a menudo que yo había empezado a perder la fe", dijo Julia Alvarenga, su madre.

domingo, 21 de junio de 2015

La oración del alba




Señor:
Te pido ahora que me dejes
bajar de esta mi torre de marfil; de la altísima
torre a donde, sola y callada,
Sin volver la cabeza subí un día:
un día de esos en que siente uno
yo no sé qué nostalgia de alas...

Una fina
tristeza se me ahonda
despacio... la tristeza de las cimas.
Quiero bajar, Señor,
quiero bajar en paz.

Inclina
más mi frente –esta frente siempre alta...-

Suaviza
y distingue mis manos que, de tanto
no querer asir nada, están un poco rígidas...
Inclíname la frente alta y devuélvele
a tu tierra mi mirada perdida.
¡Ay!, miré demasiado las estrellas...
No hay que mirarlas tanto:

Con tus manos heridas
sosténme en la bajada un poco triste
y dime qué palabra se le dice a la hormiga,
a la yerba del campo, al que está triste,
al que tiene las manos manchadas...

La sencilla palabra, Dios mío...
Ayúdame a disimular esta repulsión instintiva
hacia las cosas feas y concédeme
la comprensión.
Yo quiero comprender...
¡Qué exquisita
gracia la de saber que todo está
bien! ... La de entender la armonía
de lo inarmonioso.
Yo quiero
comprender y amar
-¡quisiera besar la herida
de un leproso y que él no supiera nunca
cuánto el beso me costaría!...-
Dame la buena voluntad;
dame más suavidad para la vida...
yo no quiero que sepan que estoy triste,
yo quiero comprender y amar; yo quiero
que la palabra dura que alguien diga
no vaya a oscurecerme
la mirada limpia.
Dame, Señor, un buen olvido
para las pequeñas
injusticias de cada día;
dame que la mentira y la torpeza
no puedan ya quitarme la sonrisa.
Dame valiente el corazón, segura
la mano, el pie incansable y el amor...
¡Bien vendría
ahora un poco de serenidad
y otro poco de fe...! Me quedo tan sombría,
tan callada a veces...
Amanece en la vaga lejanía:
Bajaré de la torre de marfil,
y dejaré mi luna lila
y mi soledad y mi ensueño...
El polvo vuelve al polvo:
Me perderé un buen día
por los caminos de la tierra, y si un minuto
el desaliento me domina,
nadie vea mi desaliento
y todos vean mi sonrisa.
Y mi sonrisa sea fuente,
y flor, y ala, y venda... ¡Y sonrisa!...
¡Por los caminos de la tierra;
por los caminos de la tierra,
como san Francisco quería!

Dulce María Loynaz

viernes, 19 de junio de 2015

Suicidio, caídas y accidentes fatales, principales causas de muerte prematura en personas con lesiones cerebrales traumáticas



Las personas que sobreviven a una lesión cerebral traumática (TBI) tienen tres veces más probabilidades de morir prematuramente que la población general, según se ha descubierto en un estudio dirigido por la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y publicado en ‘JAMA Psychiatry’.

Las razones exactas del aumento de riesgo de muerte prematura se desconocen, pero pueden implicar daños en la parte del cerebro responsable de juicio, la toma de decisiones y la asunción de riesgos. Los sobrevivientes de TBI tienen tres veces más probabilidades de morir de heridas mortales que pueden ser consecuencia de alteraciones en el juicio o sus reacciones.

Incluso, las lesiones cerebrales relativamente menores o contusiones tuvieron un impacto significativo sobre la mortalidad temprana. Las personas con una conmoción cerebral eran dos veces más propensas a morir prematuramente que la población general, con el suicidio y las lesiones mortales como las principales causas de muerte.

Los investigadores examinaron registros médicos suecos que se remontan 41 años con 218.300 sobrevivientes de TBI, 150 513 hermanos de los sobrevivientes de TBI y más de dos millones de casos de control emparejados por sexo y edad de la población general. El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Oxford y el Instituto Karolinska, en Estocolmo, Suecia.

“Hemos encontrado que las personas que sobreviven seis meses después de TBI siguen registrando tres veces más probabilidades de morir prematuramente que la población control y 2,6 veces más de morir que los hermanos no afectados”, resume el líder del estudio, Seena Fazel, investigador del Departamento de Psiquiatría de Oxford.

Los hallazgos muestran que los sobrevivientes de TBI que también tienen un historial de abuso de sustancias y trastornos psiquiátricos presentan mayor riesgo de muerte prematura (antes de los 56 años). Las principales causas de muerte prematura en los sobrevivientes de TBI son el suicidio y las lesiones mortales como accidentes automovilísticos y caídas.

Según Fazel, los supervivientes de TBI tienen más del doble de probabilidades de suicidarse que los hermanos no afectados, muchos de los cuales fueron diagnosticados con trastornos psiquiátricos después de su lesión cerebral traumática.

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Fuente: http://www.psiquiatria.com/psiq_general_y_otras_areas/suicidio-caidas-y-accidentes-fatales-principales-causas-de-muerte-prematura-en-personas-con-lesiones-cerebrales-traumaticas/

lunes, 15 de junio de 2015

Dios es grande y uno siempre aprende mucho más de los días difíciles que de los buenos días - Testimonio de Nick Vujicic, el australiano sin brazos ni piernas



El hombre se asoma por el cristal del ascensor que comunica al primero con el segundo piso en el aeropuerto internacional El Dorado, en Bogotá. Acaba de aterrizar tras un vuelo de casi nueve horas desde Dallas (Texas, Estados Unidos), con escala en la Ciudad de México. Se abre la puerta y Nick Vujicic, un joven sin brazos ni piernas, sale montado en una moderna silla de ruedas de 70 kilos de peso que maneja con destreza, con el muñón –que apenas tiene dos dedos– que nace del lado derecho de su cintura y al que él llama “mi hueso de pollo”. (Vea aquí las fotos de Nick Vujicic, el australiano que se convirtió en testimonio de superación)

Saluda y deja ver unos dientes blancos que contrastan con sus helados ojos azules. Me lo presentan y yo, sin pensarlo, estiro la mano derecha para saludarlo. Sí: le doy la mano a un hombre que no tiene manos. Ni piernas. Por eso, por no tener sus extremidades, se ha convertido en un testimonio de superación admirado en todo el mundo.

Fueron dos segundos, con la mano congelada, en los que me convencí de que sería imposible enmendar semejante imprudencia. Como si no supiera que nació sin brazos ni piernas hace 30 años en Melbourne (Australia) y que ha visitado 59 países, llenando estadios e inspirando a multitudes con su ejemplo de vida; como si no supiera que ha publicado dos libros (Una vida sin límites y Un espíritu invencible) que son best sellers mundiales y que sus conferencias, videos y fotografías arrasan en Internet.

Aún sin asimilar la vergüenza, pensaba en su reacción: un insulto (merecidísimo), un gesto de desaprobación o simplemente su negativa a darme la entrevista. Pero él, con un español que apenas mastica, sonrió y dijo: “Abrazo”. Me agacho, junto mi pecho con el suyo, y él descarga su cabeza sobre la mía, inclinando su hombro izquierdo.

Pudo ser despiste, mi subconsciente que se dejó llevar por la emoción de conocer a un hombre tan lleno de fe y coraje, o el simple reflejo de saludar con la mano. Pero no le importó. Cosas así –y otras peores, como cuando de niño le gritaban “fenómeno”– le han pasado muchas veces.

Es su tercera visita a Colombia, pero esta será la más larga. Irá a Barrancabermeja, Yopal, Ibagué y otras ciudades, para contar cómo un día dejó de preguntarse por qué había nacido con medio cuerpo y, en cambio, se preguntó: ¿para qué? Para salvar vidas, tal vez.

Al nacer, los médicos le dieron pocos meses de vida. Si el pequeño Nick sobrevivía, jamás podría caminar y su único destino sería una cama o una silla de ruedas. Pero él hace mucho más que caminar: nada, cabalga, se monta en una tabla de surf y se desliza entre las olas, juega fútbol y golf; fue a la universidad y se graduó en comercio y finanzas; escribe libros, es predicador cristiano y motivador, viaja por todo el mundo, se casó y tiene un hijo... Vive feliz y agradecido con lo que tiene. Ya no reniega por lo que le hace falta.

No siempre fue así. A los diez años intentó suicidarse. No soportaba más el acoso, las burlas y el rechazo de sus compañeros de colegio. No se mató porque no quiso causarles ese dolor a sus padres, a quienes les agradece el amor y que le hayan enseñado que existe un Dios que lo ama y que tiene un plan para él.

“Dios dice que fui hecho de una manera maravillosa, que soy su hijo, que hay ángeles a mi alrededor, que tengo la fuerza porque Él me ama. No es la fuerza de Nick, es el amor de Dios”, dice.

Un ‘fenómeno’ de circo
A Nick también lo conocen por ser el protagonista del cortometraje El circo de la mariposa, en el que representa a un “fenómeno” que se revela tras abrir unas cortinas y al que presentan como “una perversión de la naturaleza, un hombre al que hasta Dios le dio la espalda”, al lado de una mujer barbuda y unas siamesas.

Este video supera los siete millones de vistas y retrata claramente lo que es hoy: un testimonio de superación humana fuera de todo parámetro.

En el clóset de su cuarto, en Los Ángeles (California) –donde está radicado con su esposa y su hijo–, tiene un par de zapatos, símbolo del milagro que esperó durante mucho tiempo: tener piernas y brazos para ser feliz. Hasta que comprendió que su felicidad no podía estar relacionada con esas extremidades ausentes.

“Hay personas a las que no les falta nada en su cuerpo y no tienen felicidad. Lo que busco y necesito es la paz, la fuerza, el gozo, la fe, y esas cosas no vienen por tener brazos o piernas”.

También cree que mucha gente vive en la infelicidad por sus ansias de dinero, poder y reconocimiento.

“Siempre puedes tener mucho más o mucho menos, pero las cosas más grandes en la vida no son las cosas: son Dios, el amor, la familia, y después lo demás”, continúa, y confiesa que lo que más lo sorprende en la vida es conocer a gente que, en medio de su soberbia, cree que no necesita a Dios para vivir.

Nick entra a uno de los auditorios del Club El Nogal, en Bogotá, custodiado por su equipo de trabajo, que incluye fotógrafos, camarógrafos y traductores, y también a su asistente personal –que lo viste, lo afeita, le ayuda a asearse–, como la gran celebridad que es.

La gente le pide tomarse fotos. Dice ‘no’. Él no siempre está dispuesto a tomarse fotos con la gente. Es muy radical con su agenda de trabajo, y trabajo es lo que le sobra. Luce impecable: un short de lino gris y una camisa rosada, obviamente, sin mangas. Pide que les bajen la intensidad a las luces –eso le irrita los ojos– y sus asistentes exigen no usar el flash de las cámaras.

‘La fuerza es de Dios’
Después de un breve resumen de su testimonio, cuenta que no siempre se levanta con una sonrisa en el rostro; que, como todo ser humano, tiene sus altibajos. Que también se deprime y se equivoca. Que no es un superhéroe.

“Pero Dios es grande y uno siempre aprende mucho más de los días difíciles que de los buenos días. La fuerza que tengo en el día de hoy es por el dolor que tuve en el día de ayer”.

Él no cree que sea un milagro, como muchos le dicen. “Todos podemos ser un milagro para otros”. Cuenta cómo muchas personas han desistido de querer suicidarse cuando lo conocen, cuando leen sus libros o miran sus videos en YouTube. Narra también que mucha gente que se sentía derrotada y fracasada ha encontrado una luz cuando sabe que él es capaz de hacer tantas cosas con su cuerpo.

Asegura que Dios no da sufrimiento, que ese lo da el diablo, y habla de la necesidad de perdonar y amar a los enemigos. Eso, por difícil que parezca –afirma– regala paz y rompe cadenas.

El próximo año publicará su tercer libro, esta vez sobre una epidemia mundial que sufren millones de niños y jóvenes y que él padeció: el matoneo. Quiere seguir impulsando su fundación para personas con discapacidad y continuar con su misión de regar semillas de fe y esperanza a la humanidad.

Pero, más que eso, su mayor añoranza es ser un buen esposo de Kanae, la bella mexicanojaponesa que conoció hace dos años y medio –dejó a un novio (con brazos y piernas) para irse con él–, y ser el mejor padre para Kiyoshi, su hijo de siete meses. “Es un bebé sano, hermoso y muy amado”. Quiere otros tres hijos.

Se despide del público y agradece a Colombia por su acogida, no sin antes dejar una reflexión: el gran problema de este país, y del mundo en general, no es la violencia sino la ausencia de fe.

“Cuando tienes una nación que está pasando por tanta turbulencia, nos necesitamos unos a otros, pero necesitamos más a Dios”.

Nick quería cumplir una nueva hazaña: lanzarse por el cable de canopy, en Tobia (Cundinamarca), a 200 metros de altura. Pero decidió cancelar. Nick está cansado.

jueves, 11 de junio de 2015

Tú que andas sobre la nieve



Ahora que la noche es tan pura y que no hay nadie más que Tú,
dime quién eres.
Dime quién eres y qué agua tan limpia tiembla en toda mi alma;
dime quién soy también;
dime quién eres y por qué me visitas,
por qué bajas hasta mí, que estoy tan necesitado,
y por qué Te separas sin decirme Tu nombre,
ahora que la noche es tan pura y que no hay nadie más que Tú.


Ahora que siento mi corazón como un árbol derribado en el bosque,
y aun el hacha clavada en él siento,
aun el hacha y el golpe en mi alma,
y la savia cortada en mi alma.
Tú que andas sobre la nieve.


Ahora que alzo mi corazón, y lo alzo
vuelto hacia Ti mi amor,
y lo alzo
como arrancando todas mis raíces,
donde aún el peso de tu cruz se siente.


Ahora que el estupor me levanta desde las plantas de los pies,
y alzo hacia Ti mis ojos,
Señor,
dime quién eres,
ilumina quién eres,
dime quién soy yo también,
y por qué la tristeza de ser hombre. Tú que andas sobre la nieve.


Tú que al tocar las estrellas las haces palidecer de hermosura;
Tú que mueves el mundo tan suavemente que parece que se me va a derramar el corazón;
Tú que habitas en una pequeña choza del bosque donde crece tu cruz;
Tú que vives en esa soledad que se escucha en el alma como un vuelo diáfano;
ahora que la noches es tan pura,
y que no hay nadie más que Tú,
¡dime quién eres!


Ahora que siento mi memoria como un espejo roto y mi boca llena de alas.
Ahora que se me pone en pie,
sin oírlo,
el corazón.
Ahora que sin oírlo me levanta y tiembla mi ser en libertad,
y que la angustia me oscurece los párpados,
y que brota mi vida, y que Te llamo como nunca,
sosténme entres Tus manos,
sosténme en la tiniebla de tu nombre,
sosténme en mi tristeza y en mi alma,
Tú que andas sobre la nieve…

Leopoldo Panero

martes, 9 de junio de 2015

viernes, 5 de junio de 2015

Dios no tiene la culpa de la muerte de mi hijo


El pastor Rick Warren habló por primera vez en una entrevista televisiva desde la muerte de su hijo Matthew en abril. El predicador lo hizo con la cadena CNN, en la que habló sobre el plan de Dios, el perdón, el uso de armas y las esperanzas.



El pastor de la Iglesia Saddleback, ubicada en el sur de California indicó que “ha llorado todos los días” desde la muerte de su hijo.

Los Warrens dijeron a CNN que se han abierto sobre la trágica muerte de su hijo porque tienen la esperanza de acabar el estigma de las enfermedades mentales y salvar de este modo a otras familias del sufrimiento que ellos viven.

Durante la conversación con Piers Morgan, Kay narró que ellos tenían conocimiento de que su hijo tenía un arma, la cual había obtenido ilegalmente. Y que en ocasiones anteriores él había tratado de obtener un arma de forma legal, sin embargo, sus problemas mentales se lo habían impedido.

"Estamos agradecidos de que las leyes contuvieron a Matthew de conseguir el arma durante el tiempo que lo hizo", dijo Rick Warren.

Sin embargo, buscó otras opciones, tal como lo comentaron sus padres… "Estaba tan desesperado por acabar con el dolor", dijo Kay Warren, incluso diez días antes había intentado acabar con su vida, a través de una sobre dosis de pastillas.

Una conversación extensa por medio de mensajes de texto la noche del 5 de abril tocó el tema del suicidio, narró Kay a CNN. Los pastores aseguraron que esa noche se dirigieron a la casa de su hijo, pero el no abrió la puerta. Las luces estaban encendidas y decidieron irse, preocupados en si Matthew cumpliría su trágica promesa.

Los Warrens narraron durante la entrevista que regresaron a la mañana siguiente y las luces continuaban encendidas, preocupados, llamaron a la policía.

Abrazados llorando uno sobre el otro esperaron afuera de la casa, esperando noticias de los oficiales. Hasta que el guiño de un policía confirmó la mala noticia, explicaron.

El pastor aseguró que si el amor pudiera mantener con vida a su hijo “él estaría vivo, porque fue muy querido”.

No culpa a Dios

El pastor evangélico fue claro al decir que no culpa a Dios de la muerte de su hijo. “Yo nunca cuestioné mi fe en Dios, ni cuestioné el plan de Dios. Dios no tiene la culpa de la muerte de mi hijo. Mi hijo se quitó la vida. Fue su elección”, dijo Rick Warren.

Kay Warren dijo el entrevistador que la fe de la familia y el apoyo de la comunidad han estado presentes en estos cinco meses. También mencionaron que acudieron a un recurso conocido por la familia, la Biblia.

Kay dijo que el Nuevo Testamento trae consuelo. “Se dice que nuestros cuerpos están enterrados en el quebrantamiento, pero se elevarán en gloria”, expresó.

Los Warrens también dijeron que luchan contra la ira de que su hijo haya muerto con un arma obtenida ilegalmente. Su hijo nunca les indicó quién fue el proveedor de ella y la policía sigue sin descifrar el enigma.

"Una de las cosas más difíciles fue que perdonar a la persona que le vendió el arma", dijo Rick Warren. "Porque yo no quería perdonarlo."

Pero fue su fe y su convicción de que Jesús perdonaría a esa persona la que les permitió perdonar a quien le vendió el arma a su hijo. “Yo no quiero vivir atada emocionalmente a esa persona el resto de mi vida”, dijo Kay.

Los Warrens también dieron un mensaje de esperanza para las personas que padecen problemas mentales, asegurando que lo importante es no darse por vencido

lunes, 1 de junio de 2015

Hombre




Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

¡Oh Dios! Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo,
oirás mi voz. ¡Oh Dios! Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero