domingo, 29 de agosto de 2010

Si creyera tan sólo en lo que veo



Si creyera tan solo en lo que veo,
creería tan poco,
tan poco…

No creería en la aurora
que, oculta entre los grises colosos
de nuestras ciudades anónimas,
cada mañana resucita la vida.

No creería en la levadura,
fermento humilde del pan
que día a día obra,
discreta y olvidada,
el milagro de saciarnos.

No creería en la semilla
ni en la fuerza apasionada que la impulsa desde la tierra
para que pueda abrirse paso y darnos fruto
desde lo pequeño, lo sencillo, lo oculto.

Ni creería en los bosques,
en su crecer tranquilo y sereno
frente al ruido que nos aturde
cuando unos pocos árboles caen
y ellos callan.

Y es que si creyera tan solo en lo que veo,
creería tan poco,
tan poco…

No creería en los maestros,
porque ellos no creerían
en la sonrisa que todavía no es,
en la ilusión que solo es cuando sonríe.

Ni creería en el silencio;
ni querría aprender a escucharlo,
a sentir la voz de lo profundo
cuando enmudecen mis historias y mis histerias,
mis ruidos y mis miedos.

No creería en la paz ni en la justicia,
ni en el poder de la alegría
ni en la fuerza del ejemplo.
Tampoco en el viento.

No creería en el futuro
que tenemos entre nuestras manos,
en la esperanza de hacerlo nuevo.
De hacerlo bueno.

Ni creería en las estrellas que no vemos
desde este edén de sueños y hormigón.

Si creyera tan solo en lo que veo,
no creería en este atardecer de la Umbría
que se pierden casi todos,
mientras nuestro amor crece,
y tú no lo sabes,
frente al tramonto, en Spoleto.

Y no creería en Ti,
que me haces ver todo en todos
y a Ti en todo.
Y así creer en lo que veo.

Álex Segrelles

A partir de unos versos de Valeska C.
En Monteluco (Spoleto), un domingo cualquiera de noviembre. Al atardecer.

(Fuente: blog “El barro del alfarero”, 19/11/2007)

* Álex Segrelles es un joven laico marianista de Zaragoza.

viernes, 27 de agosto de 2010

Suicidio y Misericordia Divina (4)




Por Ma. del Rosario G. Prieto Eibl


Esperar en la Misericordia Divina

La siguiente es un historia real, de la cual podemos reflexionar en el Amor Infinito de Dios y en Su Misericordia.

En Francia, un pueblito llamado Ars, que era hace mucho tiempo como un ranchito, un lugar pequeño y sencillo, creció mucho y se convirtió en una gran ciudad, pues entre otras cosas, vivía ahí un Cura, ahora el renombrado y conocido “Cura de Ars”.

Este Cura, no era un Cura común y corriente, era un Cura al que Dios le concedió tener visiones, incluso conocer los pecados de las personas antes de que ellos los expresaran, por lo cual se hizo famoso y mucha gente empezó a ir a confesarse con él. En una ocasión, una mujer humilde, llegó con lágrimas en los ojos, angustiada y desolada a buscar al Cura, ella, se sentía abrumada por su pena ya que su marido se tiró de un puente, se había suicidado. Al lograr ver al Cura, le contó su dolor y su angustia, le dijo que su esposo se había suicidado y que los que se suicidan ofenden gravemente a Dios y se condenan.

El Cura, con voz firme y tierna a la vez, le dice a la mujer: “No temas, tu marido no se condenó”. La mujer asombrada, perpleja, confundida, le dice al Cura incrédula: “Pero mi marido se suicidó, se quitó la vida y sabemos que solo Dios es Dueño y Señor, él lo ofendió gravemente y murió cometiendo pecado”.

El Cura, tomó su mano, la miró a los ojos y le dijo: “En verdad no temas, tu marido no se condenó. Entre el puente y el río cabe la Misericordia de Dios”. La mujer, después de estas palabras, se fue tranquila, dando gracias a Dios por el milagro de amor que había realizado en su esposo, pues en verdad, que su Misericordia es infinita.

¡Que historia tan maravillosa! No cabe duda que el Amor de Dios es infinito, es inmenso y que su misericordia tiene sus caminos, no podemos querer aplicar nuestros criterios humanos pues para Dios no hay tiempo, ni hay imposibles y El lo que quiere es que toda alma se salve.

Y es que, objetivamente el suicidio es el acto voluntario de matarse directamente. De acuerdo al 5to. Mandamiento: “No matarás”, es un grave pecado contra la ley natural y la ley revelada. El suicidio viola el derecho de Dios quien es el dueño exclusivo de la vida humana. Solo Dios puede dar y quitar la vida.

Sin embargo, para que un acto sea pecado requiere, además de materia de pecado, que se tenga conocimiento de lo que se hace e intención de hacerlo. No podemos juzgar a ciencia cierta la condición mental de quien se suicida. Tampoco sabemos cual fue su último pensamiento, pues el interior de la persona nadie lo conoce ¿se habrá arrepentido mientras estaba moribundo en el último instante de su vida? Recordemos que “entre el puente y el río cabe la Misericordia de Dios”, así, entre el gatillo de una pistola y la persona, entre la soga y el banco, entre las pastillas y la persona... Dios nunca deja solo a nadie.

La condenación de un alma se da por el desprecio a Dios, por el rechazo a Dios; el que se suicida en general no rechaza a Dios, sino que busca erróneamente la muerte como un medio para liberarse de un mal que le aqueja y en medio de su angustia y confusión toma una decisión con una libertad limitada que no le permite ver con claridad la verdadera dimensión de ese acto, es decir, ve el suicidio como la única manera de liberarse de ese mal que tanto le lacera. El suicida, por tanto, comete un acto grave, pero al no ejercer su plena libertad los elementos que constituirían una culpa grave se ven disminuidos, por tanto, no tiene una culpa grave.

Es por eso que debemos orar por los que se suicidan y encomendarlos a la infinita misericordia de Dios.

Con el paso del tiempo se ha estudiado y profundizado cada vez más en como la libertad se ve afectada gravemente por dramas y crisis emocionales, hechos como la depresión, la angustia, la soledad, la violencia, el dolor, la frustración, y demás (mencionados anteriormente) afectan los actos libres.

“...Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.” CIC, no. 2282.



http://www.encuentra.com/articulos.php?id_sec=144&id_art=3351

miércoles, 25 de agosto de 2010

Se corrobora la necesidad de métodos de prevención secundarios para reducir el número de suicidios



El suicidio representa una amenaza importante para la salud pública en todo el mundo. En el año 2002, el suicidio representó aproximadamente 30.000 muertes sólo en los EE.UU. y aproximadamente 877.000 en todo el mundo. El suicidio debe y puede prevenirse. El 83% de las personas que se suicidan han tenido contacto con un médico de atención primaria dentro de año de su muerte y hasta el 66% de las personas que se suicidan han tenido contacto en el plazo de un mes.

El comportamiento suicida se ha conceptualizado como un proceso continuo de pensamientos y comportamientos que van desde la ideación suicida al suicidio consumado. Las investigaciones recientes señalan 7 categorías distintas de "suicidio": (1) suicidio consumado, (2) intento de suicidio, (3) actos preparatorios hacia el comportamiento suicida inminente, (4) ideación suicida, (5) conducta autolesiva sin intención de morir, (6) autolesiones no deliberadas, y (7) comportamientos que conducen a la autolesión con desconocimiento de la intención suicida.

Mientras que las estrategias de prevención primarias tienen como objetivo reducir el número de suicidios y las terciarias disminuir la concentración de casos en una determinada zona, la prevención secundaria pretende reducir la probabilidad de tentativas de suicidio especialmente en pacientes con riesgo elevado.

Un trabajo publicado en PloS Medicine, coordinado por Leo Sher, de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, analiza junto con otros especialistas estos métodos de prevención y busca nuevas soluciones. Argumentan que los médicos necesitan conocer el vínculo que existe entre los trastornos mentales y el suicidio, y no deben dudar en preguntar a sus pacientes sobre sus intenciones al respecto. También discuten las últimas investigaciones sobre los cinco métodos secundarios de prevención del suicidio: antidepresivos, combinación de terapia y fármacos, 'cuidados de seguimiento' para mantener la terapia con antidepresivos y otros tratamientos, las restricciones legales para reducir el acceso a los medios de suicidio en particular (como armas de fuego o pesticidas) y la presentación de informes de casos de suicidio en los medios de comunicación.

lunes, 23 de agosto de 2010

Esperanza



“Pero la esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña,
me extraña hasta a Mí mismo,
esto sí que es algo verdaderamente extraño.
Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas
y que crean que mañana irá todo mejor,
esto sí que es asombroso y es, con mucho,
la mayor maravilla de nuestra gracia.

Yo Mismo estoy asombrado de ello.
Es preciso que mi gracia sea efectivamente de una fuerza increíble
y que brote de una fuente inagotable
desde que comenzó a brotar por primera vez
como un río de sangre del costado abierto de mi Hijo.

¿Cuál no será preciso que sea mi gracia y la fuerza de mi gracia
para que esta pequeña esperanza,
vacilante ante el soplo del pecado,
temblorosa ante los vientos,
agonizante al menor soplo,
siga estando viva, se mantenga tan fiel, tan en pie,
tan invencible y pura e inmortal e imposible de apagar
como la pequeña llama del santuario
que arde eternamente en la lámpara fiel?

De esta manera,
una llama temblorosa ha atravesado el espesor de los mundos,
una llama vacilante ha atravesado el espesor de los tiempos,
una llama imposible de dominar, imposible de apagar al soplo
de la muerte,
la esperanza.

Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,
y no salgo de mi asombro.
Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada,
esta pequeña niña esperanza,
inmortal.

Porque mis tres virtudes, dice Dios, mis criaturas,
mis hijas, mis niñas,
son como mis otras criaturas de la raza de los hombres:
la Fe es una esposa fiel,
la Caridad es una madre, una madre ardiente, toda corazón,
o quizá es una hermana mayor que es como una madre.

Y la Esperanza es una niñita de nada
que vino al mundo la Navidad del año pasado
y que juega todavía con Enero, el buenazo,
con sus arbolitos de madera de nacimiento,
cubiertos de escarcha pintada,
y con su buey y su mula de madera pintada,
y con su cuna de paja que los animales no comen porque son de madera.

Pero, sin embargo, esta niñita esperanza es la que
atravesará los mundos, esta niñita de nada,
ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes,
ella es la que atravesará los mundos llenos de obstáculos.
Como la estrella condujo a los tres Reyes Magos desde
los confines del Oriente, hacia la cuna de mi Hijo,
así una llama temblorosa, la esperanza,
ella sola, guiará a las virtudes y a los mundos,
una llama romperá las eternas tinieblas.

Por el camino empinado, arenoso y estrecho,
arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores,
que la llevan de la mano,
va la pequeña esperanza
y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación
de dejarse arrastrar
como un niño que no tuviera fuerza para caminar.

Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos,
y la que las arrastra,
y la que hace andar al mundo entero
y la que le arrastra.
Porque en verdad no se trabaja sino por los hijos
y las dos mayores no avanzan sino gracias a la pequeña”

Charles Peguy