domingo, 7 de octubre de 2012

El último.

Dios nos ama.




El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo
haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;
y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.
Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SENOR para gloria de Dios Padre. 

Filipenses 2: 6 - 11

viernes, 5 de octubre de 2012

Recobrar la fe en Dios y en los hombres.


EL TESTIMONIO EVITA EL SUICIDIO




«Me llegó una carta -contaba la Madre Teresa de Calcuta- de un brasileño muy rico. Me decía que había perdido la fe; pero no solo la fe en Dios sino también la fe en los hombres. Estaba harto de su situación y, de todo lo que lo rodeaba, y había adoptado una decisión radical: suicidarse. Un día, en que aquel hombre iba de paso por una abarrotada calle del centro, vio un televisor en el escaparate de una tienda. El programa que estaba transmitiendo en aquel momento había sido rodado en nuestro Hogar del Moribundo Abandonado de Calcuta. Se veía a nuestras Hermanas cuidando a los enfermos y moribundos. El remitente me aseguraba que, al ver aquello, se sintió empujado a caer de rodillas y rezar, tras muchos años en que no había hecho ninguna de ambas cosas: orar arrodillado. A partir de aquel día recobró su fe en Dios y en la humanidad, y se convenció de que Dios lo seguía amando.»

miércoles, 3 de octubre de 2012

Sin la fe, jamás

    
       Podrá faltarme el aire,
    el agua,
    el pan,
    sé que me faltarán.

       El aire, que no es de nadie,
    El agua, que es del sediento.
    El pan…Sé que me faltarán.

        La fe, jamás.

       Cuanto menos aire, más.
    Cuanto más sediento, más.
    Ni más ni menos. Más.

       Desesperadamente busco y busco
    un algo, qué sé yo qué, misterioso,
    capaz de comprender esta agonía
    que me hiela, no sé con qué, los ojos.

       Alcé la frente al cielo: lo miré
    y me quedé, ¡por qué, oh Dios! dudoso:
    qué sé yo qué, de nada ya y de todo.

        Desesperadamente, esa es la cosa.
    Cada vez más sin causa y más absorto
    qué sé yo en qué, sin qué, oh Dios, buscando
    lo mismo, igual, oh hombres que vosotros.

    Blas de Otero

lunes, 1 de octubre de 2012