
Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de
“No me podía perdonar y merodeaba por la muralla buscando un árbol donde ahorcarme. Hasta que te encontré Señor, clavado por mí, en mi lugar. Me miraste y comencé a llorar”. Que distinta podía haber sido la historia de Judas, pero volvió su cara a la cruz.
